El cuento es uno de los recursos más poderosos para atraer la atención de los alumnos, y para ayudarlos en su aprendizaje. Al presentar el material de un cuento, podemos observar como los niños abren sus ojos, sus oídos , como su estado de ánimo se pone a flor de piel, como se comprometen con esta herramienta, es decir, como se ponen a disposición del universo del cuento. Por eso, a menudo, al explicarlos, aparece la expresión: ¡Otra vez!, o, también, cuando, conociendo la secuencia del cuento, se hacen algunas modificaciones al narrarlos, aparece en los pequeños una expresión de sorpresa, o incluso fastidio, por que le cambiamos “su cuento”.
Trabajar en el aula de logopedia, utilizando el recurso del cuento, nos ofrece un amplio abanico de posibilidades. Podemos trabajar diferentes aspectos del desarrollo del niño, como por ejemplo:
- Aspecto comunicativo: el cuento genera comunicación, en el amplio sentido de la palabra: destreza en el uso de las palabras, curiosidad, control balanceado del cuerpo, abordaje de la rítmica, producción y reconocimiento de sonidos y ruidos, habilidades a la hora de interpretar, inventar, leer, etc.
- Aspecto emotivo: con el cuento se trabajan las emociones. Contar un cuento no sólo significa leerlo, hay que sonreir, poner caras de asombro, subrayar con énfasis determinadas preguntas, elaborar frases donde se desprenda suspenso y misterio, entablar una relación de complicidad con los personajes, improvisar con cosas que tengamos a nuestro alcance, y sobre todo, hacer participar a los niños, que se lancen a hacer sus propios comentarios, y conjeturas, en resumen, a que se expresen.
Es importante que utilicen los personajes para que expresen sus deseos, se identifiquen y proyecten, cosa que los libera de angustias y tensiones. Progresivamente van experimentando sentimientos y valores universales, tan importantes para la educación de la vida.
Los cuentos les dan a los niños un marco de seguridad, confianza, y, autoestima.
Es importante que en los cuentos se equilibren las fuerzas opuestas, y que genere un aprendizaje. La intensidad de cada episodio debe compensarse, para que el niño pueda ver la evolución de los personajes, la fortuna de las conductas positivas, la posibilidad de estructurar cambios, etc.
El desenlace deberá ser agradable y deberá provocar una reflexión constructiva. Blancanieves, La bella durmiente, Los tres cerditos, etc, serian ejemplos de esto.
Pasos a tener en cuenta en la narración de un cuento.
Se recomienda establecer una dinámica, que tenga un objetivo y unos procedimientos claros. Y no hay que olvidar la edad de los niños a los que va dirigido, así como sus intereses y demandas.
– En primer lugar, hay que crear un marco referencial. Situar a los personajes, darles una situación.
– En segundo lugar hemos de dar vida a los personajes, identificándolos y explicando que es lo que les está ocurriendo.
– Y finalmente, hay que formular un desenlace, cerrando el cuento.
Elección de los cuentos según la edad de los niños.
– En los dos primeros años de vida, se debe usar un formato resistente, de cartón duro, plástico, tela, etc, a partir de ilustraciones , imágenes o fotografías simples, muy fáciles de identificar y atractivas. Es recomendable evitar las caricaturas y las películas de dibujos animados.
El tamaño del formato ha de ser grande, y a ser posible, que ofrezca posibilidades de utilización en diversos espacios: después de la comida, mientras juega en el cuarto de baño, al ir a dormir, al dar un paseo en el parque, etc.
– A partir de los tres años, la pregunta estrella es ¿Por qué?. Los niños comienzan a preguntarse cosas. Las acciones son lineales, así como los atributos de los personajes.
Los episodios que se les presenten, deberán ser de la vida más próxima a ellos, de su vida cotidiana: cocinar, lavar ropa, ir a comprar, arreglar cosas que se hayan roto, etc.
Los animales se humanizan, y su intervención les fascina. Generalmente, suelen imitar la voz de los personajes en cada secuencia, cosa que los acerca más aún a la narración. Suelen acompañarse con onomatopeyas.
Los cuentos deben estar a su alcance, en un lugar escogido para tal fin, con el objetivo de que puedan ir a mirarlos cuando quieran.
– A partir de los cinco años, se afianzan los personajes fantásticos, en un marco de castillos, bosques encantados, fondos marinos, etc. Se estimula la estructura de episodios repetidos, lo que le da facilidad para seguir el argumento, sin perderse, encadenando la secuencia de la historia. La trama y las características de los personajes adquieren un valor relevante.
– Sobre los seis años aproximadamente, aparece la figura del héroe y de la heroína, y, comienzan a introducirse en la trama a personajes secundarios. La aventura, la emoción, los valores, el humanismo, arrebatan su entusiasmo. En estas edades tienen mucho éxito, las leyendas, las fábulas de animales, los cuentos fantásticos, los cuentos folkloricos, etc.